lunes, 22 de abril de 2013

PASÓ EL 21


Después del 21, vemos. Te llamo después del 21. Y… no sé, hasta después del 21…
Hoy ya es 22. Salió el sol, la gente se fue a trabajar, mis perros ladran igual que ayer, hago mi trabajo como hice ayer, antes de ayer y como haré mañana y pasado mañana.
Ya está. Pasó el 21.
Gente que nunca recibió ni dio ni participó de nada que tenga que ver con qué partido gobierna o deja de gobernar, regula, casi, su vida en función al gobierno que haya.
Ganó Cartes. Una vez más los liberales (algunos) se equivocaron al elegir aliados.
La izquierda, confusa y aún en etapa de gestación, ocupa un tercer lugar que la convertirá en bisagra de muchas decisiones. No les fue tan mal.
Dado que es muy fácil presentar vaticinios luego de ocurridas las cosas, dejo el análisis político para los tantos otros que se dedicarán a hacerlo. Yo solo quiero reflexionar.
Es muy difícil renunciar a las pasiones políticas. Pero si queremos lograr que el Paraguay de una buena vez por todas termine de carretear y emprenda el vuelo, ahora es tiempo de sumar esfuerzos.
Más allá de que el Partido Colorado tenga, según los resultados hasta ahora, una importante mayoría en el senado, no tiene la mayoría simple. Eso significa que deberá buscar consenso. Y ahí está el compromiso patriótico de quienes permanentemente anunciaron su voluntad de cambio. OJO: voluntad de cambio positivo para el país, y no cambio del estado patrimonial de los que subieron. El dinero que se mueve en el momento de tener que forzar voluntades, no es poco. No son monedas. Es mucho dinero. Tienta al más santo. Y no se trata de pedir santidad (¿?) sino coherencia. Y vocación patriótica.
Ya pasó el 21. ¿Y ahora qué?

domingo, 21 de abril de 2013

SÍ, MAÍNA


En estos días se ha puesto en el tapete el tema de las empleadas domésticas y sus reclamos de un sueldo mínimo adecuado.
Gente a favor, gente en contra y un sinnúmero de justificaciones, muchas, tomadas de los pelos.
Al llegar al Paraguay, unos 30 años atrás, me llamó poderosamente la atención la cantidad de criadas y criados (criaditas y criaditos) que había en las casas de gente no siempre de gran fortuna. Me explicaron la institución del “criadazgo” o “madrinazgo” imperante. En algunas casas (y algunos casos), era encomiable lo que hacían. En otras (y otros), aberrante.
Con el devenir de los tiempos y la costumbre, me fui habituando a algo que era propio de la idiosincrasia local. Bueno, intenté habituarme. No lo logré del todo. Siempre vi en la institución algo muy parecido a la esclavitud o servidumbre implantada por los españoles y los jesuitas. No es justo ni digno que una persona trabaje por techo, comida y ropa. Excluyo a la educación porque, si bien era también una condición a brindar, en los casos en que se brindaba no superaba los elementales seis años de una primaria tan pobre como la de los criaditos que la recibían.
Como complemento de la historia, que mucha gente tapa como al sol con el dedo, muchas de las criaditas fueron usadas sexualmente por el señor de la casa o como iniciadora del niño de la casa, cuando no, también, de los amigos de éste. Conozco muchos relatos festejados en múltiples fiestas familiares de familias de muy alto poder económico que cambiaban de criadita casi todos los años. Y, para no perder tiempo, las traían ya de 14 o 15 años.
Lo que no quieren reconocer, es que esas criaditas, echadas a la buena de Dios al quedar embarazadas, se unieron a cualquiera que les dio techo y más hijos, muchos de los cuales son lo que hoy andan por las calles drogados, robando y matando sin sentido. Sin el menor sentido. Tal como no tiene sentido la vida recibida en una relación a contrapelo, como consecuencia de un juego cruel e irresponsable.
Todo trabajo debe ser remunerado y la remuneración acorde a las necesidades vitales de las personas.
Es evidente que, si se pide que se establezca el sueldo de la empleada doméstica por parte del estado como obligación a cumplir, los sueldos que se pagan no satisfacen las necesidades de las trabajadoras.
En una casa donde la pareja gana en conjunto unos dos o tres millones de guaraníes, es imposible pagar el sueldo mínimo a una empleada. Entonces la arreglan con unos miserables Gs. 300. 000 o 400.000 (cifras que me constan). Algunos/as me dirán, como ya me dijeron, si acaso es preferible que esas personas estén sin trabajo, robando por ahí. No, claro que no. Lo justo sería que por ese dinero trabajen un par de horas en esa casa, pudiendo, así, trabajar otras dos horas en otra, otras más en otra y, de ese modo, sumar una cifra digna. Así funciona en el mundo. Y quienes fueron a vivir y a trabajar en el extranjero, lo saben.
¿Qué en dos horas no podrán hacer todo? Y… bueno. Será cuestión de aprender a lavar los platos de la noche, hacer la cama antes de salir, poner la ropa en la máquina, no dejar todo desparramado… Ese es otro tema.

sábado, 20 de abril de 2013

CINE PARAGUAYO: PALOS EN LAS RUEDAS


Para quienes ascendieron a empresarios de la noche a la mañana, montados en el caballo de la Itaipú en los ’70 o en los carros mafiosos de las contrataciones corruptas, los conceptos de industria, negocios, empresas, medios, existen en función, exclusivamente, de sus intereses espurios.
Además, faltos de la más elemental visión de futuro y de los elementos básicos para entender cualquier otra cosa que no sea dinero contante y sonante, contrabando, tráficos varios, negocios turbios y componendas, no pueden entender que el cine, además de arte, es una industria.
Y no pueden entender de puro burros que son. Me consta que muchos de los ñembo empresarios, incluyendo a los que hacen de la política un negocio, jamás fueron, ni van, ni irían al cine. Se aburren. Si no tienen tragos, timba, putas y connubios, no saben qué es “entretenerse”. Y, además, alardean de ello.
Faltos de la capacidad de analizar lo que sea, menos pueden analizar las conveniencias del país en cosas en las que no pueden participar.
He presentado propuestas a grupos y personas para las que un millón de dólares es lo que para nosotros dos mil. No, no dos mil dólares, dos mil guaraníes. ¡Lo único que me preguntaron fue si no quería hacer cine porno! (dirigiendo o produciendo, claro).
Para el chancho, el mejor de los mundos, es el chiquero.
¡Qué le vamos a hacer!

miércoles, 17 de abril de 2013

NO TENGO TIEMPO


No, no es ese precisamente mi caso. Es el problema de la mayoría de la gente que conozco. Por las explicaciones que recibo cuando los invito a tomar un café o a cenar o a lo que sea, concluyo que no tienen tiempo que perder porque ya lo tienen perdido. Gente que jamás pisaría una casa de empeños para empeñar un televisor, empeña su tiempo sin ningún problema.
Pareciera ser que el empeño puesto por lograr un ingreso importante, no les permite ver lo que es realmente importante.
Conozco (y estoy seguro de que conocemos todos) gente que se levanta a las 06:00, desayuna, se enfrenta al drama del tráfico caótico, y se encierra en la oficina hasta las 18:00. Luego, alguna reunión, un trabajo complementario o alguna otra actividad más vinculada con lo laboral que con lo personal. Digamos que a las 20:00 (en algunos casos ¡con suerte!) emprenden el regreso a casa.
Cuando digo “conozco gente”, uso un neutro que incluya a ellos y a ellas. Porque antes, era el marido quien normalmente tenía esta rutina. Hoy, en muchos casos, son ambos.
Claro que estoy hablando de gente de clase media con ganas de ir cada vez más arriba o necesidad de agarrarse fuerte para no caer.
Así como no tuvieron ni tienen tiempo para tomar un café con un amigo, venir a cenar o lo que sea, tampoco tienen tiempo para ir con los hijos al cine o a tomar un café ni cenar juntos… ni lo que sea.
Alguna vez también fui joven empresario exitoso y ambicioso. Cuando les expliqué a mis hijos que lo que importaba era la calidad del tiempo que compartíamos, no la cantidad, y que lo que hacía era para darles un mejor futuro, me respondieron que hubiesen preferido más cantidad de tiempo de buena calidad y que los acompañase más en el presente. El futuro era una responsabilidad de ellos. Lamentablemente, eso fue en el pasado y, por más que lo lamente, no hay vuelta a atrás.
Recuperemos el tiempo. Tomemos un café con los amigos.
Compartan el presente con los hijos. Si ustedes no están junto a ellos, otros ocuparán el lugar.
El tiempo no se pierde. Se usa. Usémoslo bien.

martes, 16 de abril de 2013

¿OBJETIVIDAD?


No existe la objetividad. Cada uno ve lo que puede desde su ángulo de visión y con base en sus conocimientos. No se puede ver lo que no se sabe. Es decir, se ve lo que se ve, pero no necesariamente lo que es. Y es lo que cada uno quiere que sea, salvo para aquellos que saben qué es y para qué sirve.
¡Uf! ¡Qué complicado! Veamos.
Un cenicero de vidrio (no sé porqué de vidrio, pero es lo que me vino a la mente), es un cenicero en la casa de fumadores y, muy habitualmente, un junta monedas en las casas donde nadie fuma. Para una criatura habituada a ese entorno, “eso” es un junta monedas. Y cuando deba referirse a “eso” lo llamará así. Y los demás imaginarán lo que para ellos es un junta monedas, lo que no se vinculará, necesariamente, con la misma cosa.
Junto a las diversas denominaciones de las cosas, está el vínculo referencial que establecemos con ellas. Acá, le decimos encendedor; en España, es mechero. La cosa es la misma, pero su identificación, a partir de su denominación, difiere en unos y otros. Es decir, la carga cultural nos permitirá identificar, o no, la misma cosa. (¡Cosa, cosa, cosa…! ¿No estás muy reiterativo con la cosa? Lo que pasa es que la cosa es la cosa, no más)
Esto que parece complicado, es muy simple y, a la vez, uno de los más grandes problemas en las relaciones humanas.
No todos vemos lo mismo y, ciegos por ignorancia, al no ver lo que el otro ve, pretendemos imponer nuestro punto de vista. Nos arrogamos el derecho de creer que los únicos que vemos lo que es somos nosotros.
¿Entonces mienten los que defienden la objetividad? Y… Sí y no. Algunos, sabiendo que no es posible la objetividad, por conveniencia la defienden y, entonces, mienten. Otros, creyendo firmemente que la objetividad existe, la defienden con honestidad y, entonces, no mienten.
Pero ese es otro tema. Esa es la verdad. ¿Existe?
La dejo para otro día.

lunes, 15 de abril de 2013

EL OLOR DEL DINERO


Hay dinero que huele mal. No, no me refiero al billete que estuvo guardado entre el pescado. Me refiero al dinero cuyo origen tiene mal olor. Porque, no me digan que ustedes no huelen cuando hay dinero sucio en algunos lados. Sí, también es cierto que hay gente a la que cualquier olor le da lo mismo. Son tan sucios los unos como los otros. Los que tienen dinero podrido y los que ni se inmutan al convivir con ese olor.
Ayer (domingo 14/04/13. Periodismo Para Todos. Canal 13. Buenos Aires.) el siempre polémico periodista Jorge Lanata, sacó a la luz pública algo que andaba rondando entre las sombras. No era que no se veía. No se lo veía tan claro, simplemente. El informe titulado "La ruta del dinero K", mostró una supuesta cámara oculta en la que Leonardo Fariña, famoso por haberse casado con la tan bella como vacua modelo Karina Jelinek, contó cómo había armado un mecanismo  para enviar más de 50 millones de euros a diversos países del mundo. Pero no era cualquier dinero. Era dinero de amigos del gobierno. Parece que algunos se habían molestado con el joven “cadete millonario” porque habría metido la mano en la lata y él, en contrapartida, le contó a Lanata.
Saltaron nombres, figuras políticas, gente del espectáculo y, supongo, en el transcurso de la semana, se irán contestando los unos y los otros, desde el gobierno dirán que es una orquestación del grupo Clarín, los de Clarín dirán que es una muestra más de la corrupción imperante, Rial dará su opinión, Ventura dirá que él ya lo sabía y que tiene un video, hasta que el embarazo de la Princesita de la Cumbia o un nuevo romance de Maradora vuelvan a captar la lábil atención de la gente y siga el circo mediático.
Mi reflexión surge a partir del hecho de que no puede ser que los padres, los amigos, los parientes, la gente del barrio de este chico que pasó de ser un seco a tener un Ferrari no se hayan dado cuenta de que estaba en algo raro. Dejo acá este asunto. Ya la justicia se encargará de esclarecerlo. O no.
Veamos nuestra realidad. Es inconcebible que un funcionario de Aduanas, por ejemplo, con un sueldo de, pongamos, Gs. 4.000.000, pueda tener Mercedes, camioneta del año, campo, casas… que un militar con sueldo de algo parecido tenga miles de hectáreas… que…
Todos conocemos a alguno. Todos tenemos algún vecino al que hemos visto enriquecerse de la noche a la mañana. O un pariente o un conocido.
El dinero no es algo que se pueda tener porque sí, sin explicación de origen ni justificación de haberlo generado. Y eso es algo que la gente pareciera no entender. O no quiere entender.
Si uno encontrase un maletín con dinero, no se lo podría quedar. “…estará obligado, como tal, a restituirla a su dueño o legítimo poseedor. Está obligado además a informar al propietario y, no pudiendo hacerlo, avisará a la autoridad policial del lugar o tomará las medidas aconsejadas por las circunstancias.”  (Art.2035. CCP). Sin embargo, nadie enseña que esto sea así. Tampoco enseñan que no se puede aducir desconocimiento de la ley para justificar su transgresión.
Volviendo al tema inicial, hay fortunas que huelen mal. Y seguirán oliendo mal aunque pretendan tapar el olor con perfume francés.

jueves, 11 de abril de 2013

LA VIRTUD DE DAR


Pareciera ser que la permanente inducción al tener, se nos ha hecho carne llegando a anestesiar la sensibilidad social.
El recientemente doloroso caso de Anita, no es único. Es emblemático por su mediatización, pero hay más, muchos más. Y no se solucionan con colectas, sino con un cambio de filosofía social.
La Constitución Nacional, en su ARTÍCULO 4 - DEL DERECHO A LA VIDA, dice:
“El derecho a la vida es inherente a la persona humana. Se garantiza su protección, en general, desde la concepción. Queda abolida la pena de muerte. Toda persona será protegida por el Estado en su integridad física y psíquica, así como en su honor y en su reputación. La ley reglamentará la liberta de las personas para disponer de su propio cuerpo, sólo con fines científicos o médicos.”
Y en el ARTÍCULO 6 - DE LA CALIDAD DE VIDA, agrega:
“La calidad de vida será promovida por el Estado mediante planes y políticas que reconozcan factores condicionantes, tales como la extrema pobreza y los impedimentos de la discapacidad o de la edad.”
Evidentemente, como tantas otras cosas de esta constitución, solo queda en la fría letra sin aplicación formal.
Y, lo más triste, es que no hacemos nada para cambiar.
En estos momentos eleccionarios, pareciera ser que todo lo que decimos apunta a llevar agua a los molinos de uno u otro de los candidatos. Lejos eso de mi intención. La responsabilidad es de todos por igual. El desafío es para todos.
Si la genuina intención de los aspirantes a la presidencia de la república fuese contribuir al desarrollo del país y al mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes, ésta hubiese sido una excelente oportunidad para demostrar con los hechos lo que pregonan con las palabras. Lamentablemente, no ha sido así. Ello nos lleva a preguntarnos si, una vez en el gobierno, habrán de llevar a cabo los planes que prometen.
Y, una vez más, la educación se expone como una de las prioridades. No alcanza con dar contenidos, en muchos casos mal dados e innecesarios, sino de acompañar a la información con formación. No veo, en las distintas propuestas educativas, contenidos transversales que impliquen la incorporación de valores, tanto en la formación docente como en la de los estudiantes. Eso en la educación formal. En la informal, para colmo, en vez de incorporar valores e incentivar el ejercicio de estos, se enseña lo contrario: “Esto es para vos, no vayas a andar dándole a los demás”, “Cuida que tus lápices, no vayas a prestarlos”… ¿Les suena conocido?
No alcanza (y el caso de Anita es una muestra contundente) con organizar colectas, habilitar cuentas corrientes, convocar a la buena voluntad de la gente. Muchas empresas, que invierten cientos de miles de dólares en pseudo eventos deportivos, festivales diversos, conciertos multitudinarios, tienen a la Responsabilidad Social Empresarial, como una suerte de discurso y lo publican en sus webs como una parte de la misión porque queda elegante, porque así lo indican los parámetros del marketing. Pero no son ellas las responsables. La responsabilidad es del gobierno (de éste, de los anteriores, de los que vendrán) que por falta de sensibilidad social y en cumplimiento de acuerdos espurios, no aplica criterios impositivos discriminados de suerte tal que, por un lado, se carguen los consumos suntuosos o superfluos (coches caros, tabaco, alcohol, eventos pseudo deportivos, etc.) y, por otro, se deduzcan de ellos los aportes a la salud, la educación,  la cultura, etc.
Siempre se está a tiempo para cambiar. Éste puede ser un buen momento para pensar en ello.